Lisandra Fernández: Del Miedo a Perder el Control a Reconstruir su Vida desde una Nueva Mentalidad
Lisandra Fernández: Del Miedo a Perder el Control a Reconstruir su Vida desde una Nueva Mentalidad
Después de recibir un diagnóstico de epilepsia y atravesar un período de depresión, Lisandra Fernández inició un proceso personal que transformó su manera de entender el control, la familia, el dinero y el desarrollo personal. Hoy, desde @lisandrafruiz, convierte esa experiencia en un mensaje dirigido a quienes buscan dejar de vivir mecánicamente y comenzar a tomar decisiones con mayor conciencia.
Hay momentos en los que una persona continúa funcionando por fuera mientras, por dentro, siente que todo se está derrumbando.
Lisandra Fernández conoce esa experiencia.
Después de recibir un diagnóstico de epilepsia, entró en un período que describe como depresión. Sin embargo, no correspondía a la imagen que muchas personas asocian inmediatamente con esta condición.
Se levantaba.
Atendía a sus hijos.
Trabajaba.
Despedía a su esposo.
Cumplía con sus responsabilidades.
Y después lloraba.
“Yo funcionaba, pero funcionaba mecánica.” — Lisandra Fernández
El miedo no era solamente a la enfermedad: era a no tener el control
Para Lisandra, uno de los aspectos más difíciles fue convivir con la incertidumbre.
Temía no saber cuándo podía presentarse una crisis y sentía que había perdido el control sobre su propio cuerpo y su cotidianidad.
Incluso recuerda momentos en los que acudía a una consulta pensando que estaba evolucionando favorablemente y recibía noticias que la hacían sentir que había retrocedido.
Hasta que ocurrió una escena que cambió su perspectiva.
Un día estaba sentada junto a la cama, emocionalmente sobrepasada, cuando su hijo mayor —que entonces tenía cinco años— se acercó, la abrazó y le dijo:
“Todo va a estar bien.”
Aquellas palabras invirtieron los roles por un instante.
Y Lisandra comprendió algo que no había conseguido ver mientras estaba concentrada en su propio sufrimiento.
Su proceso también estaba afectando a las personas que amaba.
“Cuando lo miré pensé: esto tiene que parar. Ya no me está afectando solamente a mí; también lo está afectando a él.” — Lisandra Fernández
Dejar de controlar a los demás
Su transformación también llegó hasta sus relaciones familiares.
Lisandra describe una relación históricamente compleja con su madre. Con el tiempo, reconoce que había asumido un papel que no le correspondía: intentaba orientarla, corregirla y controlar decisiones de su vida.
Cuando comenzó a modificar su propia conducta y a abandonar esa necesidad de control, observó cambios en la dinámica familiar.
Para ella, aquello se convirtió en una lección:
no siempre podemos transformar a otra persona directamente, pero sí podemos cambiar la manera en que nos relacionamos con ella.
Esa diferencia ocupa hoy un lugar importante dentro de su discurso de desarrollo personal.
Una historia familiar que también nació de una crisis
Lisandra utiliza incluso su matrimonio para explicar cómo ha aprendido a reinterpretar determinados momentos difíciles.
Cuando conoció a quien se convertiría en su esposo, él también atravesaba una etapa complicada. Había perdido un negocio, estaba viviendo un proceso de separación y viajaba a Cuba para estar cerca de su familia.
Lisandra recuerda que en su primera cita él le confesó que ni siquiera tenía dinero para comprarle un café.
Ella respondió:
“No hay problema.”
Hoy llevan alrededor de 15 años casados y tienen dos hijos.
Con la perspectiva del tiempo, Lisandra observa aquella historia de otra manera: si determinadas circunstancias dolorosas no hubieran ocurrido, posiblemente sus caminos nunca se habrían encontrado.
No significa romantizar las pérdidas.
Significa reconocer que una crisis también puede modificar una trayectoria y obligarnos a construir algo diferente.
Romper las etiquetas
Otra de las ideas centrales de Lisandra es evitar convertir una circunstancia en una identidad permanente.
Una enfermedad.
Un fracaso empresarial.
Una separación.
Una dificultad económica.
Una historia familiar.
Para ella, atravesar una experiencia no significa que esa experiencia tenga que definir para siempre a la persona.
Esta filosofía también aparece cuando habla del dinero.
Lisandra cuestiona particularmente la idea, presente en determinados entornos familiares y culturales, de que “el dinero es malo”.
Su posición es diferente: el dinero es una herramienta.
Lo que una persona decide hacer con él responde a sus valores, prioridades y circunstancias.
Ese cambio de lenguaje puede parecer pequeño, pero tiene relevancia para un emprendedor. Las creencias que una persona mantiene sobre crecimiento, éxito, ventas o dinero pueden influir en la manera en que negocia, cobra, invierte y toma decisiones.
Quince minutos para recuperar espacio mental
Entre sus recomendaciones más sencillas está reservar un pequeño espacio personal al comenzar el día.
Quince o veinte minutos.
Pensar.
Agradecer.
Cocinar, si eso genera bienestar.
Estar sin compararse constantemente con otras personas.
La esencia de su recomendación no necesita explicaciones extraordinarias sobre estados cerebrales o hipnosis para tener valor: crear deliberadamente un momento de reflexión puede ayudar a comenzar el día con mayor intención.
Y para Lisandra, esa intención es importante porque cada persona desarrolla su vida de una manera diferente.
“Date tiempo para ti. Tiempo para pensar, tiempo para lo que te guste. Aunque sean quince o veinte minutos, que ese tiempo sea para ti.” — Lisandra Fernández
Lisandra Fernández: convertir la experiencia en una nueva forma de acompañar
La historia que Lisandra comparte desde @lisandrafruiz no comenzó con una fórmula de éxito.
Comenzó tocando fondo, según sus propias palabras.
Un diagnóstico alteró la sensación de seguridad que tenía sobre su vida. La depresión modificó su cotidianidad. Su hijo le hizo comprender que su dolor también estaba llegando a quienes estaban alrededor.
Y desde ahí comenzó un proceso de reconstrucción.
Hoy su mensaje gira alrededor de conceptos como conciencia, responsabilidad personal, límites, creencias y transformación.
Pero quizás su mayor autoridad narrativa no provenga de decirle a otras personas cómo deben vivir.
Proviene de poder mostrar que ella también tuvo que cuestionar la manera en que estaba viviendo la suya.
Porque romper un techo invisible no siempre comienza facturando más, expandiendo una empresa o alcanzando una nueva meta.
A veces comienza mucho antes:
cuando dejamos de vivir mecánicamente, dejamos de definirnos por aquello que nos ocurrió y comenzamos a decidir qué queremos construir con lo que viene después.
Nota editorial: la epilepsia es una condición neurológica que requiere seguimiento médico, y la depresión es una condición de salud mental que puede requerir atención profesional. Las prácticas de reflexión, desarrollo personal o cambio de hábitos pueden ser complementarias para algunas personas, pero no sustituyen la evaluación, el tratamiento ni las indicaciones de profesionales de salud calificados. Asimismo, afirmaciones sobre estados “alfa/theta”, hipnosis durante actividades cotidianas o cambios automáticos de vida no deben interpretarse como conclusiones clínicas.
