Thursday, October 22, 2020

  El Encuentro.

 Un viento fresco colaba entre los arboles del bosque mientras la oscuridad de la noche le ganaba la batalla al día.

 Zeesa avanzaba lentamente, reconociendo con minucioso cuidado cada rincón y cada paso antes de dar el siguiente… podía presentir que algo inusual ocurría, como ya lo había presentido días atrás a través de esos sueños, tan reales, que la despertaban sudorosa y agitada en mitad de la noche.

Fue ella quien los reunió a todos y los convenció de la necesidad de vigilar su Bosque Sagrado y por esa misma razón fue a ella a quien le encomendaron la tarea nombrándola, en una ceremonia, Guardiana del Espíritu del Bosque.
Zeesa había vivido toda su vida en el bosque, nunca había sentido el menor deseo de salir de allí ni de conocer otros lugares, a pesar de la fama de curiosos de su raza, ella jamás había sentido la necesidad de explorar nuevos mundos y adquirir conocimientos de otras culturas, al contrario, defendía la pureza de sus tradiciones y consideraba que más allá del Bosque Sagrado donde habitaban, todo era confusión, y todos los seres que moraban más allá de sus fronteras habían dejado corromper sus corazones. Ya no eran capaces de sentirse unidos a la madre tierra ni eran capaces de escuchar la sabiduría de los arboles ni las voces de los animales.
De pronto sintió una opresión en su corazón, como si se lo estrujaran con fuerza, no se sorprendió, ya conocía esa sensación que aparecía en aquellas ocasiones en las que el peligro estaba a punto de acecharla. Preparo su arco, tenso la cuerda y cerró los ojos para poder sentir su instinto por completo, fue avanzando lentamente, cuando un elfo no quiere ser descubierto, ni los conejos más avezados son capaces de escuchar nada.
Comenzó a subir hasta la cima de la pequeña loma en la que se hallaba con el fin de poder observar desde allí todo el valle que se alzaba a sus pies. Debajo de la loma corría un rio, donde de niña jugaba con sus hermanos. Fue justo allí hacia donde se dirigió con la seguridad de que algo extraño estaba sucediendo.
Al terminar de descender hasta el rio, la visión la dejó paralizada, la escena que pudo contemplar era aterradora e incomprensible al mismo tiempo. Porque mientras veía como un Caballero ataviado con una armadura de guerra luchaba a vida o muerte contra unos seres horrendos, veía el chocar de sus armas, y los esfuerzos que el caballero hacía por mantenerse en pie mientras respiraba con dificultad, ningún ruido le llegaba a sus sensibles oídos, ningún sonido se producía cuando esos seres habrían sus bocas llenas de rabia pareciendo gritar.
Se quedó contemplando la escena, al fin y al cabo, no era asunto suyo, y los elfos tenían por norma no inmiscuirse en asunto que no le afectaran de forma directa. A pesar de que estaban en su bosque, sea cual fuera la razón de la lucha, parecía que no tenía que ver con su pueblo, así que decidió no intervenir.
La lucha era muy desigual, mientras los seres, que ella identificó como demonios, atacaban y se replegaban en orden con el único fin aparente de agotar a su adversario, el caballero era cada vez más incapaz de mantenerlos a raya, agotado y casi vencido resbalo en la tierra humedad convertida en lodo de tanto pisar. Dio de bruces contra el fango aferrándose a la empuñadura de su espada y con un esfuerzo titánico logro ponerse de rodillas e intento alzarse nuevamente, de un certero golpe uno de los demonios le arrebato su arma mientras los demás lo rodeaban y reían y gritaban sabiéndose vencedores de la contienda.
El que parecía ser el líder se acercó despacio y lo contempló desde arriba con una mueca que asemejaba una sonrisa, satisfecho de la lucha y de su resultado, de un manotazo le arranco el Yelmo que cubría su cabeza y levanto su espada presto a decapitarlo al tiempo que sus compañeros de fechorías reían y le inmovilizaban los brazos.
Un rostro cansado y curtido en mil batallas se entreveía entre la sangre y el barro que cubrían su cara, con el último reducto de fuerza que le quedaba alzo el rostro hacia su enemigo y grito… Grito con toda sus fuerzas haciendo que el mismo Bosque se estremeciera, de repente giro su cabeza y se encontró de golpe con los ojos de Zeesa que lo observaban. Ella pudo sentir todo su dolor, todo su sufrimiento, todo el abatimiento de su alma cansada por los años de tantas y tantas batallas libradas con resultado incierto.
Refulgió el brillo del acero, se alzó más aun la espada verdugo… y un silbido rompió la noche. Una sorda explosión hizo desaparecer en un instante al demonio que pretendía ajusticiar al caballero, mientras sus compinches al ver caer a su jefe corrían despavoridos tropezando unos con otros hasta desaparecer entre la bruma que ya se había adueñado del rio.


El Caballero permanecía impávido, arrodillado, esperando aun el golpe mortal que acabaría de una vez por todas con su existencia. Zeesa descendió hasta donde él se hallaba, su arco armado, desconfiada, aunque sabía que en las condiciones en las que estaba no eran oponente para ella, alumna destacada en la lucha y la magia.
Cuando lo tuvo frente a frente pudo contemplarlo mejor, descubrió a un hombre aparentemente joven, pero con muchas huellas y cicatrices de haber tenido una vida dura de luchas y sinsabores. El alzo la cabeza y nuevamente se volvieron a mirar, a ella le recorrió un estremecimiento por su espalda desnuda, los ojos de su alma no correspondían para nada al guerrero que tenía delante. Al contrario, detrás de su agotada y triste mirada podía entrever una nobleza que le hablaba de un corazón puro que nunca había visto en otros seres distintos a los de su raza.
Le extendió la mano y le ayudo a levantarse, el todavía aturdido no entendía aun lo que sucedía.
– ¿Que ha pasado? – pregunto intentado despejar su rostro del barro y la sangre que le impedían ver con claridad.
– Que te he salvado la vida – respondió Zeesa
– No tenías derecho a inmiscuirte – replico – era mi batalla, son mis demonios y solo yo debo hacerles frente.
– Podía haberme ahorrado una flecha entonces – contesto ella – y tú hubieras muerto.
– Ya lo estoy – dijo el – hace tiempo… ya que lo estoy
– Volverán – añadió – y todo volverá a comenzar, es una batalla que no puedo ganar, ellos no pueden morir, ni tampoco me quieren muerto, solo quieren dominarme.
– Entonces tienes un problema – dijo ella – deberías prepararte mejor para la próxima contienda.
Él se incorporó, no sin esfuerzo, y con su ayuda, sintió sus manos tirando de él y se sintió extraño, se sintió aliviado, casi en paz por un segundo.
– Perdona, he sido un grosero malagradecido, no es propio de mí y menos de un caballero de mi Orden. Te ruego aceptes mis disculpas y mi agradecimiento por salvarme. Has sido muy valiente al arriesgarte así. Ahora estoy en deuda contigo, tengo una deuda de honor que debo saldar. ¿Cuál es tu Nombre?
Zeesa, de la tribu de los elfos Guardianes del Bosque Sagrado de las Almas. Y se puede saber quién soy vos Caballero del Barro.
– Jajaja, Me gusta ese nombre… Caballero del Barro, me gusta. Pero puedes llamarme Margost, soy Sir Margost Centinel de las Tierras Bajas, pues de allí procedo.
Repentinamente su humor había cambiado, incluso parecía que la noche era menos fría, sobre todo cuando veía los ojos grises acerados de Zeesa.
– Y bien Lady Zeesa en que puedo serviros, ¿cómo puedo pagar mi deuda?
– No me debéis nada por tanto no debéis pagar deuda alguna. Además al parecer no he sido de gran ayuda según me indicáis. Son vuestros demonios y volverán, lamento oír eso. Ahora debéis venir conmigo, os he salvado y mi pueblo tiene leyes muy estrictas al respecto, debo acogeros y cuidaros hasta que sanéis y podáis partir a resolver vuestras luchas.
– No es necesario, ya estoy bien – mientras Margost decía esto un cansancio profundo le inundaba el cuerpo y casi tiene que ponerse de rodillas nuevamente.
– No seáis tonto, el orgullo no sirve de mucho en estos casos. Venid conmigo, os espera una comida caliente, un baño reconfortante y un cómodo lugar para descansar. Mientras estéis bajo nuestra protección estaréis a salvo de esos demonios, no son tan estúpidos para enfrentarse con nuestro pueblo en nuestros dominios.
– De acuerdo, vuelvo a estar en deuda con vos entonces, hare honor a mi enseña de caballero y aceptare vuestra hospitalidad pero debéis permitirme saldar la deuda cuando corresponda. También yo tengo normas estrictas en mi Orden.

Continua…….

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